Me parto y me troncho

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Era finales de junio e iba yo con un bombo del tamaño de los ovarios de aquella que dijo que durante el embarazo se había encontrado mejor que en toda su vida. Por primera vez en los últimos ocho siglos, la mortal ola de calor de turno se había adelantado varias semanas y yo vivía en un piso que, en vez de en el Vallès, parecía estar ubicado en Mercurio y sin aire acondicionado. Había sobrevivido a la celebración de Sant Juan, maldiciendo a todo aquel que tiraba petardos delante del piso, que fueron como unos 1.876, engalanada con un vestido-túnica propio de un obeso mórbido, ya que era lo único que me cabía, y descalza porque hasta las chanclas me apretaban modo "tall rodó" mis pies de Bigfood.

Gestación: el milagro de la vida o la gota malaya que acaba con tu ser (Parte 2)

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Tercer trimestre o la broma que ya no tiene gracia: Ya de baja, al menos no sufría tanto las consecuencias de mis idas de bola, que provocaban que lo que antes hacía en cinco minutos ahora lo hiciera en treinta, que cocinara lo mismo seis veces por semana porque no me acordaba de lo que había comido el día anterior, que un día lanzara mi tarjeta de crédito por la ventana para dársela al sr. Lío, que estaba esperando histérico en el portal (fue una genial idea suya de lunes por la mañana, que yo porque estoy con el cerebro licuado por las hormonas, pero el suyo viene de serie) y que se colara en el piso de abajo, que encima está vacío y a la venta, y tuviéramos que contarle al comercial de la inmobiliaria una historia del todo inverosímil para no parecer tan tontos como en realidad somos y recuperar así la Visa, que metiera continuamente la ropa sucia en la nevera y los tápers vacíos en la lavadora, etc. Que pienso: "con esta masa gris sin riego alguno, ¿cómo voy a cuidar de un bebé?"...

Gestación: el milagro de la vida o la gota malaya que acaba con tu ser (Parte 1)

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Después de que el sr. Lío y yo descubriéramos que íbamos a reproducirnos, empezamos a ubicarnos progresivamente en todo lo que aquello iba a suponer, aunque a día de hoy, que ya estoy de más de ocho meses, aún no acabo de situarme, que parece que mi Google Maps interior hace boicot a mi cerebro Huawei. Acompañadme a descubrir y regocijaros en la felicidad absoluta de mis dos primeros trimestres de embarazo.

Invasión zombi o los guiris del Metro

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Todo empezó en 1992. Nadie sabrá nunca quién fue el "paciente cero" pero se cuenta que fue un turista inglés que pilló una sobredosis de Sangría Don Simón caducada y servida a precio de Chardonnay, a pleno Sol de las doce del mediodía, pudriéndose por dentro y bajando a las catacumbas de Barcelona para esconderse de la luz del Sol y mutar en el primer "zombiguiri" del Metro.